Hace poco me sucedió algo bastante peculiar que me recordó este tópico y por eso te voy a contar esta historia.
Debes saber que tengo un amigo, una persona que considero extraordinaria y generosa, un cabrón sagaz y muy astuto; el tipo de personas que con la que te entiendes bastante bien y que sin duda, una amistad que quieres conservar.
Hace poco mi amigo me invitó a una fiesta en su casa, en dichas reuniones suelen concurrir personas bastante interesantes, así que vale la pena asistir cuando te invita.

Antes de seguir con el relato, debo aclarar que mi amigo y yo pertenecemos a mundos muy distintos, soy empresario, él es un político. Volviendo a nuestra historia, en la fiesta, conocí a dos personajes bastante curiosos como irritantes: El contador técnico y la vendedora acomplejada.

EL CONTADOR MUY TÉCNICO

Debes saber que las personas obsesionadas con los detalles técnicos a veces olvidan que la mayor parte de lo que saben son abstracciones, conocimientos producto de conclusiones hechas por otros en el pasado. Estos individuos se aferran a estos conceptos como verdades universales, ignorando que quizá estos, surgieron sólo como una necesidad propia de su disciplina, mas no para definir la realidad.

Conocí a un nuevo amigo, el contador – y otro individuo que al parecer entendía bastante de conceptos económicos – Dicha conversación era la típica charla donde los involucrados se arrojan sabias fórmulas de lo “que se debería hacer”, para solucionar los problemas. Entonces la discusión se acaloró cuando al señor contador técnico le expliqué mi opinión sobre los impuestos y en especial sobre el impuesto sobre la renta.

Regresando al impuesto sobre la renta, le dije al contador técnico que este es un eufemismo para ocultar lo que es en realidad: Un impuesto a la producción.

El contador rojo y con aspavientos, trataba de convencerme que no era lo mismo un impuesto sobre la renta que uno sobre la producción, evidentemente jamás pudo convencerme de lo contrario. No lo logró porque quiso imponer una clasificación propia de su negocio para explicar un fenómeno económico.

No puedes cambiar la realidad, solo puedes interpretarla, por más que le pongas nombres y clases interesantes, no vas a cambiarla, entiéndelo.

Es simple, en el momento en que le cobras un impuesto a la actividad empresarial, estás cobrando un derecho de piso al empresario, es decir, le estás cobrando por trabajar al que produce riqueza. El contador no sabe contar, sólo le interesa presumir su título.

No importa que pongas nombres sofisticados a las cosas, tu cliente va a seguir pagando impuestos y no le gusta porque le están robando, punto. Lo que mi amigo contador no ve es que a mi no me gusta pagar impuestos y en lugar de ofrecerme sus servicios para ayudarme con esto, prefiere presumir que sabe mucho.

¿Por qué no mejor te vuelves un experto en encontrar formas para que tus clientes paguen menos impuestos?

LA VENDEDORA ACOMPLEJADA

La actividad más importante de una empresa, no son su operaciones, ni sus procesos, ni sus políticas. Lo más importante para una empresa son las ventas.

El equipo comercial es el más importante. ¿Por qué?, porque sin este simplemente no hay recursos para nada.
Después de dar por terminada la platica con el contador técnico, conocí a una chica de trato y palabras muy amenas. Con ella platiqué sobre actividades en común, música y cine.

Y como en cualquier conversación con interés intercambiamos información del tipo profesional, así como de algunas experiencias de trabajo, e incluso me invitó a presentarle amigos empresarios – ya me estaba vendiendo cosas, guiño.

Esta chica se interesó bastante en algunos datos que compartí, entonces preguntó por mi formación profesional universitaria. Bastante risueño respondí – como siempre hago – que no estudié nada.

Insistente, volvió a preguntar sobre mis estudios, nuevamente respondí que no me gradúe de universidad alguna y que mi carrera profesional había sido el producto de mi esfuerzo de ser autodidacta.

En este punto la conversación – aún agradable – me atreví a saber más sobre su éxito como vendedora, pues es un tema que me obsesiona desde hace tiempo.

Por alguna extraña razón, la señorita reaccionó muy mal a la pregunta – al parecer el haberle dicho “vendedora” fue una gran ofensa – intrigado profundicé hablando más del mismo, haciendo más preguntas. Entonces reparé en que esta chica es una vendedora acomplejada.

Honestamente y con mucho prejuicio ella cree que un vendedor es alguien con poca educación y bajo nivel social, en fin.

Nuestra vendedora acomplejada, se levantó de la mesa y se retiró furiosa, no sin antes hacerme saber que en su empresa, alguien que no proviniera de ciertas universidades – es decir, yo – jamás podría obtener una posición en la misma.

Hay personas que viven en el pasado, que son flojos y que no gustan de investigar ni aprender cosas más allá de la época en que pisaron un colegio.

Hay muchos abogados que con sus relaciones venden paquetes de servicios, cantantes que venden copias de sus discos, intelectuales que venden copias de sus libros y médicos que venden sus servicios en sus consultorios.

Las ventas son la base misma del sistema capitalista, sin estas simplemente no existiría y aunque a nuestra vendedora acomplejada no le guste, eso es, una vendedora.

Y no muy buena a mi parecer, porque ahora no solo pienso que es bastante vulgar y ordinaria, también creo que es tonta.

En lugar de haberse molestado por una estupidez como esta, pudo haber hecho un amigo que en algún momento pudo haberle presentado a un cliente potencial.

Deja de creerte la gran cosa, porque definitivamente no lo eres. Si lo fueras estarías trabajando como estratega de ventas para grandes firmas o estarías cerrando tratos millonarios por ti mismo.
No seas como la vendedora acomplejada, mejor aprende, haz amigos y véndete.
Allí está el dinero.

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